Blog Andres Nuñez

Voluntad y políticas públicas: una necesidad para la transformación digital

Aunque el refrán tradicional dice que la fe mueve montañas, en esta ocasión me referiré a la voluntad que también mueve montañas, y que en nuestro caso, mueve instituciones, ideologías y directivos hacia la transformación digital.

Muchas de las universidades latinoamericanas con las que tengo el gusto de construir mi sueño de transformar la educación superior, tienen historias comunes, grupos de amigos emprendedores, empresarios comprometidos o familias visionarias, y en muchas de ellas sus fundadores afortunadamente aún viven y continúan dirigiendo los destinos de sus instituciones mientras comienzan a transferir, paso a paso, el legado a otros directivos o familiares, pensando en el día de su retiro.

Me he reunido con representantes de más de 70 instituciones en diversos países del continente, y con todos he compartido mi visión sobre la necesidad de que las instituciones de educación superior se preparen y evolucionen para afrontar y sobrevivir ante los desafíos de la era digital.  En muchos de ellos he visto reflejados los ojos de mi padre, fundador de universidad y académico que sigue soñando y proponiendo con miras a ampliar las oportunidades de educación superior; y en las preguntas de esos fundadores y directivos, identifico las dudas y temores propios de quienes sienten que van a dar un paso hacia un terreno desconocido. Yo también lo he vivido, y por eso comprendo que dar ese paso requiere ir más allá.

Y es acá en donde aparece nuevamente la voluntad, esa voluntad que transmite confianza, que genera adeptos y que da ejemplo. A la voluntad que actúa e impulsa a otros a avanzar, a la voluntad que apoya y da seguridad.

Esa voluntad, que me llena de alegría, la he visto reflejada en las palabras y en los ojos de los participantes del Programa Global en Transformación Digital de Universidades. Fundadores, Rectores y directivos de 14 universidades que han dado el primer paso y mediante su participación han demostrado su compromiso con las nuevas generaciones, su deseo de aportar a una educación para la era digital, su inquietud por conocer las tendencias, los retos y los nuevos modelos que apalancan procesos educativos integrales para el mundo de hoy.

Hace 2 semanas terminamos el módulo de virtualidad en Córdoba, Argentina, en donde el trabajo en red fue protagonista: sesiones de intercambio, de análisis de casos de éxito, de imaginar, de crear y de construir en conjunto… así lo vivimos y así hemos comenzado a mover las montañas de un continente que reclama nuevas oportunidades y una educación sin barreras para todos.

Y ¿cómo movemos esas montañas? Con voluntad, con determinación y con visión de largo plazo. Esa que tienen quienes nos han acompañado y quienes participaron en el módulo de Bogotá o se unirán en Boston. La visión de que es posible atreverse, de que hay certezas que nos indican que la transformación digital es el camino, y la responsabilidad de saber que, como líderes, deben dar el primer paso.

Su voluntad es el eje del cambio, pero dicha voluntad debe trascender y pasar del deseo al compromiso y de allí a unos lineamientos y directrices claras y formales.

Sucede lo mismo en muchos de nuestros países, que aunque sus ministerios expresan la importancia de abrirle paso a nuevos modelos educativos como la educación virtual, estas manifestaciones no siempre se concretan en políticas públicas contundentes y claras sobre el desarrollo que debe tener la educación virtual. Por ello, aún le falta legitimidad y el impulso para posicionarse como una de las mejores opciones frente a los desafíos de acceso, equidad, calidad y pertinencia, que desde hace años hacen parte de la agenda de los gobiernos en el tema educativo.

Aunque tradicionalmente la formulación de políticas públicas responde a una lógica sectorial en la que cada sector se encarga de promover, formular e implementar políticas que favorecen sus intereses y orientaciones propias, la realidad ha demostrado que la estructuración de los problemas públicos tiene un carácter multifactorial en el que intervienen diferentes perspectivas, métodos, actores y disciplinas que superan los límites de cada sector en su individualidad.  La educación no es la excepción, y es necesario pensar de manera incluyente, sabiendo que el ser humano es una unidad indisoluble que adopta diferentes comportamientos dependiendo de las opciones que se le presenten, es decir, a partir de sus posibilidades.

Es en este aspecto en donde radica la importancia de las políticas públicas educativas que favorezcan el acceso a educación de calidad, que respondan a las necesidades del ámbito laboral y que contemplen las características que hacen diferentes a las nuevas generaciones, y a las antiguas, que ahora vivimos en un mundo permeado por la tecnología.

Hemos avanzado, y cada vez se ven nuevos e importantes esfuerzos gubernamentales por mostrar el camino de la virtualidad, pero aún no es suficiente.  Es necesario continuar trabajando en el compromiso de Estados y gobiernos con la transformación digital, no solo para el sector educación sino de manera integral, como somos los ciudadanos.

En Boston, durante el tercer módulo del Programa Global en Transformación Digital de Universidades, en abril de 2018, el tema será la innovación aplicada al sector educativo, en donde gracias al acompañamiento de profesores y tutores de Harvard y MIT, conoceremos la forma en que la voluntad de ir un paso adelante se convierte en capacidad de innovación e impulso a proyectos sostenibles.

Es así como la voluntad también mueve montañas y es capaz de permear estructuras rígidas y pensamientos que podrían parecer inalcanzables, cuando va acompañada de argumentos sólidos, de análisis rigurosos y de propuestas estructuradas. Lo más difícil es dar el primer paso… y afortunadamente, cada día somos más quienes lo hemos dado.

Y mientras seguimos dando pasos, que no siempre son de gigante, seguiré comprometido con las universidades latinoamericanas que me abren sus puertas y que acogen nuestras propuestas para construir juntos, para conformar redes de cooperación y para sembrar esa semilla de la transformación digital que recoge sus frutos en forma de oportunidades para todos los ciudadanos.

Andrés Núñez

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