Blog Andres Nuñez

¿Las nuevas generaciones están preparadas para asumir los retos del mercado laboral actual?

En este, un mundo cambiante, en permanente evolución e inmerso en lo que muchos llaman la “Cuarta Revolución Digital”, la industria necesita profesionales capacitados, más que en oficios técnicos o tecnológicos, en una serie de competencias blandas que involucran a la inteligencia emocional, claro, condicionadas por la educación impartida desde las universidades y el acceso de las nuevas generaciones a esta.

Todo avanza con tal rapidez que no deja de sorprendernos, pues no hemos dejado de hablar de la generación Y, cuando ya debemos abordar la manera de llenar las expectativas e ir a la par de las necesidades de la generación Z.

Y no es para menos porque estos jóvenes son los protagonistas de dos generaciones y la cara de la revolución digital. Los millennials (quienes hoy tienen entre 19 y 35 años) y los centennials (de cero a 18 años), representan a 4.400 millones de personas en el mundo y para el 2020 sumarán la fuerza demográfica más trascendente del planeta (59% para ser preciso).

Estas generaciones se declaran “ciudadanos del mundo”, son tolerantes y tienen una capacidad increíble para emprender y tolerar. De hecho, a diferencia nuestra, ellos son una generación que no conoce barreras de tipo político, económico o religioso. Lo que los hace más increíbles aún, es su habilidad para manejar la tecnología y en las aulas son todos unos expertos en conocimiento estructurado.

Sin embargo, hay que ser honestos. Las generaciones mayores nos sorprendemos por lo poco que conocen los millennials y centennials en materia de oficios que, para nosotros, eran cuestión del día a día a su edad.

Estas generaciones, por ejemplo, no conciben su vida sin un dispositivo móvil y conexión a Internet, pues les entrega la posibilidad de recibir lo que desean, de manera casi inmediata y al alcance de un clic. De allí que muchos de ellos prefieran utilizar apps para hacer una operación, pagos y domicilios, diseñar un recorrido y, en general, resolver nimiedades de la vida cotidiana; cuando en realidad muchos de ellos no saben hacer reparaciones básicas del hogar, conducir vehículos de transmisión manual, cocinar o coser.

Y con esto no pretendo insinuar que las instituciones de educación superior enseñen a sus alumnos a cortar el césped o cambiar un neumático, más bien, me refiero a la importancia de potenciar competencias básicas que les permitan desenvolverse fácilmente en el mundo laboral.

El gran reto para la educación

Tenemos universidades con más de 15 años de trayectoria, que han superado los cambios que en este tiempo han surgido y, de una u otra manera se han adaptado a las demandas sociales. Encontraron la manera de democratizar el acceso a educación superior a través de una oferta virtual, desde la cual entregan a los alumnos las competencias duras que deben manejar, de acuerdo con su ámbito de acción.

Los millennials y los centennials han llegado para darle un giro al sector educativo, pero en esa transición resulta fundamental encontrar un balance y enseñar a esta nueva generación de alumnos, no desde las asignaturas, sino desde las competencias, tanto duras como socioemocionales, entregando al tiempo un acompañamiento y orientación vocacional, que debe comenzar en las escuelas y continuar en las instituciones de educación superior.

Con todo, nos enfrentamos a un gran reto, ya que además de pensar en las TIC como aliadas para facilitar el aprendizaje, existe un debate latente sobre cómo el uso de esa tecnología está cambiando la forma de pensar y actuar de estos jóvenes, además del evidente hecho de que los modelos actuales no están articulados con lo que las empresas exigen, una vez que estos jóvenes se vinculan a mercado laboral.

La fuerza laboral de hoy está conformada por varias generaciones, cada una con sus propias características, y a medida en que los baby boomers miran hacia el retiro, los millennials se abren camino. En ese sentido, las universidades deben comprender los comportamientos y características de las nuevas generaciones, especialmente, de los centennials, solo así lograrán prepararlos para la industria.

Además, la academia deberá articularse con las necesidades que tienen las organizaciones de hoy. Nos hemos encontrado con que la oferta actual de capacitación no suple las necesidades de las empresas, quienes se encuentran en la búsqueda de profesionales enfocados al desarrollo de nuevas tecnologías, y con un alto grado de inteligencia emocional.

Hace unos días, mientras leía un reporte elaborado por la empresa de capital humano PayScale Human Capital, encontré un par de datos que llamaron mi atención. En primer lugar, existe una gran brecha en la manera en que los empleadores perciben las capacidades aprendidas en el universidad y la realidad del mundo laboral. El estudio mostró que si bien el 87% de los estudiantes recién graduados se siente en capacidad de competir en el mercado laboral, solo el 50% de los empleadores considera que tienen todas las herramientas para hacerlo.

En segundo lugar, aunque las habilidades blandas tradicionales incluyen liderazgo y colaboración, y los millennials tienden a sobresalir o, por lo menos, saben que deben, hay otras habilidades que son discutidas y esenciales para la futura fuerza de trabajo. El estudio indicó que las capacidades más buscadas por un gerente al momento de contratar son pensamiento analítico y solución de problemas (60%), atención al detalle (56%) y habilidades comunicativas (46%).

En ese sentido, las universidades deben encontrar las maneras de potenciar estas habilidades, pensando en que:

  • Las nuevas generaciones son multiculturales. Lo que comenzó con la generación X, continuó con los millennials y, seguramente, será heredado a la generación Z. Su deseo por viajar y conocer el mundo los hace una generación culturalmente diversa, que está en la obligación de aprender uno o dos idiomas diferentes para relacionarse, en un entorno soco-cultural y laboral, con mayor facilidad. Además, esto les permitirá acceder a mayor y mejor conocimiento, teniendo en cuenta que gran parte la información de valor actual, proviene de fuentes en inglés.
  • Su talento es 100% tecnológico. Esta generación tiene grandes habilidades informáticas y digitales porque son nativos. Estos niños, adolescentes y jóvenes pasan más tiempo, que cualquier persona de mi generación, en un dispositivo móvil, razón por la cual las academias deberán estar preparadas y ser capaces de manejar los avances que la industria imponga.
  • Es necesario reforzar sus habilidades comunicativas. Si bien comunicarse es una competencia básica, cuanto más utilizan los dispositivos digitales, menos se propicia la interacción en un contexto físico. Antes, las citas eran en un café y las conversaciones podían extenderse durante horas. Estos jóvenes, sin duda se sienten más cómodos conversando a través del chat y, en consecuencia, ya no distinguen las señales visuales, difícilmente comprenden el lenguaje corporal de otros y sus interacciones son más concisas.
  • Son grandes emprendedores, estimulemos su creatividad y pensamiento innovador. Esta es una cualidad que la mayoría de empresas valoran hoy. Tiene que ver con la búsqueda de soluciones originales e innovadoras a distintas problemáticas. Esto permite modificar antiguos esquemas, que ya no responden a las necesidades de la compañía.

Apenas el comienzo

Si los avances son significativos en la actualidad, en un futuro no muy lejano los millennials dominarán el mercado laboral. De acuerdo con Deloitte, en 2020 representarán el 75% de la fuerza laboral del planeta y, de acuerdo con la encuesta global de Telefónica 2014, se espera que para el 2025 sean los responsables del 74% de los puestos en América Latina, el Caribe y Estados Unidos. ¡Increíble!

Aunque su capacidad de conectarse con la realidad y de interpretar los intereses de la sociedad es sobresaliente, no son la generación mejor preparada para resolver los retos que enfrenta la industria actual.

Desde el ámbito de la educación superior, en donde se forma a las generaciones que liderarán el desarrollo de nuestro país, es necesario desarrollar este tipo de competencias. ¡Piénselo! Nunca es tarde y siempre podemos tomar como ventaja su relación amigable con la tecnología, para sacar el mejor provecho a estas herramientas, fortaleciendo sus conocimientos y haciéndolos profesionales preparados para transformar el mundo como lo conocemos.

 

 

 

 

 

Andrés Núñez

Agregar comentario