Blog Andres Nuñez

Inteligencia artificial, el reto evolutivo de la educación superior

Seguramente el término inteligencia artificial le suena como algo propio de las películas futuristas, cuando en realidad el comercio, el turismo, las finanzas, la medicina y hasta la educación se han visto impactadas con sus dinámicas.

En apenas 20 años han surgido cambios importantes en materia tecnológica y su efecto es tal que cada día se integra más a nuestra cotidianidad. Antes de entrar en profundidad, quiero que demos un paso atrás y que veamos a la inteligencia artificial desde un mapa más general, para después, comprender sus alcances.

Me gustaría empezar encontrando la mejor definición. ¿Es la inteligencia artificial una habilidad? ¿Un programa? ¿Un sistema? La que más me gusta y vi en la conferencia de Federico Pascual es esta:

La inteligencia artificial es la simulación de los procesos de la inteligencia humana, a través de sistemas informáticos. Esto hace que las computadoras puedan pensar, aprender y tomar decisiones.

¿Tomar decisiones? Tal como lo lee. Aunque no debe atemorizarse, pues su propósito no es otro más que el de complementar y potencializar nuestras actividades.

Este dato me pareció muy interesante y es que de acuerdo con una encuesta que realizó Hubspot este año, el 63% de las personas no sabe que utiliza tecnologías de la inteligencia artificial. Seguro los jóvenes de la generación Millennial y Centennial nos miran diciendo: “¿Cómo es posible que no sepan esto?”, porque para ellos es algo muy natural.

Los sistemas de GPS, los tres asistentes virtuales más conocidos del momento (Siri, Cortana y Google Now), Amazon, Netflix, Facebook, todas funcionan con inteligencia artificial. ¿Alguna vez se preguntó de dónde salían las sugerencias que estas apps le hacen en materia de contenidos? ¿Cómo saben lo que le gusta y lo que no? La IA es la respuesta.

Incluso, es tal su evolución que expertos predicen que para el 2050 tendremos mascotas robóticas y los robots serán capaces de reconstruirse a sí mismos, sacando de la pantalla las escenas exclusivas de la ciencia ficción.

Con decirle que son cada vez más los medios de comunicación que emplean inteligencia artificial para la generación de sus artículos… ¿Es este el futuro de la prensa? Puede ser. Periódicos como Los Ángeles Times y revistas como Forbes han utilizado robots capaces de escribir sobre temas actuales. En las pruebas se detectó que no hay diferencia notable entre la escritura de un reportero y la ejecutada por las máquinas. ¿Esto qué significa para nuestros programas de periodismo? Le dejo esta inquietud.

Por otra parte, la inteligencia artificial también ha probado ser una feroz jugadora. En mi época, hablo de 1997, nos impresionamos cuando la famosa supercomputadora desarrollada por IBM, Deep Blue, venció al actual campeón de ajedrez a nivel mundial, Garry Kasparov; sin duda, un gran paso en la historia de la IA pues ¿quién se iba a imaginar que una máquina tuviera tal alcance?

Deep Blue vs. Kasparov
Deep Blue vs. Kasparov. Fuente: Wired.

Otro de los hitos memorables ocurrió en 2011 cuando Watson, también desarrollado por IBM, apareció en el concurso de televisión estadounidense Jeopardy! y derrotó a algunos de los mejores concursantes. La verdad es que este sistema informático me dejó sorprendido. Investigando, también encontré que Wellpoint reunió a los mejores oncólogos del mundo para identificar diagnósticos de cáncer. Watson diagnosticó correctamente el 90%, mientras que los médicos sólo identificaron el 50%.

Quisiera que le echara un vistazo a este video. ¿Qué sensación le deja? Siéntase en la libertad de contármelo en los comentarios.

Ahora, a este punto quisiera dejar algo muy claro. La inteligencia artificial puede reemplazar tareas repetitivas, por supuesto, pero no hay manera de que reemplace a los humanos. Nuestro cerebro es la red más compleja que puede existir, por eso igualarla es casi imposible.

Reflexionemos. Aunque Deep Blue ganó la partida de ajedrez, hay otro dato que pocos conocen. A la máquina también se le pidió jugar damas, pero no supo ni cómo empezar la partida. No pudo aprender sola, no pudo pensar como nosotros lo haríamos y es ahí en donde tenemos esta enorme oportunidad.

Debemos desarrollar en nuestros docentes y estudiantes competencias digitales, tenemos que involucrarlos con la tecnología, facilitarles la capacidad de interactuar con las máquinas. Al igual que nosotros, los robots están aprendiendo a adaptarse.

Ray Kurzweil, director de ingeniería de Google, hizo esta afirmación hace poco: “La tecnología no nos dejará sin trabajo” y creo que tiene razón. A lo largo de la historia muchos oficios se han transformado y esta situación nos deja otro cuestionamiento: ¿Cuántos de los trabajos que existían en 1900 se conservan hoy en día?

La inteligencia artificial hace parte de nuestro día a día y está llegando a nuestros niveles, pero eso no significa que nos va a reemplazar. Si, este es un llamado a no preocuparnos, pero también a no dejarnos tomar ventaja por parte de las corporaciones y las start-up. Debemos estar alineados con sus necesidades, las de nuestros estudiantes, las de la sociedad, para formar profesionales competentes, preparados para salir al ruedo y no quedarse estancados a mitad de camino.

Si utilizamos los datos que esta inteligencia genera sobre nuestros alumnos y sus actividades de aprendizaje, llegaremos a un concepto de campus cognitivo. Tal como sucede con la computación cognitiva, estos datos le darán sentido a nuestras acciones de enseñanza y podremos pensar en aprendizaje personalizado, colaborativo, en técnicas de optimización y cualquier mejora que se nos ocurra. Si quiere conocer más sobre el alcance de la IA, lo invito a leer mi entrada: 4 elementos de la Inteligencia Artificial para transformar la Educación Superior.

El potencial de la inteligencia artificial para la educación sigue sin explotarse en un 100%, pero podemos ver su evolución en todos los sectores que mencioné anteriormente. Si los resultados son tan buenos, ¿por qué no darle la oportunidad desde una perspectiva educativa? Es precisamente este campo uno de los más beneficiados o así lo cree un grupo de investigadores y académicos que, avalados por la Universidad de Standford, publicaron en septiembre del 2016 el informe Artificial Intelligence and Life in 2030.

Según el estudio la realidad virtual, el aprendizaje adaptativo, la analítica del aprendizaje (learning analitycs) y la enseñanza online serán habituales en las aulas en tan solo quince años y puede que, a este paso, mucho antes. (Le interesa: Learning Analytics: el big data al servicio de la Educación Superior).

Proyectos como Smart Flower Recognition System, una asociación entre Microsoft Research Asia y la Chinese Academy of Sciences, son un punto de partida interesante. El sistema ayuda a los botánicos de China a reconocer flores, a partir de fotografías que toman con sus smartphones. Los algoritmos filtran e identifican las especies desde una base de datos, con más del 90% de precisión.

¿Se imagina que pudiéramos entregar experiencias similares a nuestros docentes y estudiantes de las nuevas generaciones? Podemos abrir las puertas a las posibilidades que nos entrega la inteligencia artificial, comenzando con códigos abiertos (open source) y librerías de software libre para la computación numérica, tales como OpenAI y TensorFlow de Google.

Vamos a aprovechar que la I.A. utiliza y procesa una cantidad enorme de datos, en cuestión de segundos para transformar la educación. ¡Piénselo! Puede resultar bastante provechosa si sabemos utilizarla a nuestro favor. Convirtámosla en nuestro siguiente reto, facilitemos la ejecución de procesos técnicos, repetitivos y mecánicos para enfocarnos en lo que realmente importa: un proceso de enseñanza-aprendizaje de calidad para nuestros estudiantes.

Andrés Núñez

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