Blog Andres Nuñez

Formación por competencias, el primer paso para el aprendizaje social

Sobre competencias se ha dicho mucho hasta ahora, incluso tengo un par de entradas en las que toco el tema, aunque esta vez me gustaría que las viéramos desde otro ángulo.

Si bien, una competencia es algo así como la posibilidad de hacer bien las cosas en un determinado contexto, teniendo en cuenta conocimientos, actitudes y habilidades, como universidades, docentes y comunidades académicas, ¿qué contenidos podríamos enseñar a nuestros alumnos para ayudarles a desarrollarlas?

Sin duda es difícil enseñarles sobre todos y cada uno de los temas que maneja cada disciplina. ¿Se imaginan? Esta persona tendría que ser algo así como una enciclopedia digital o un Google andante, y ni siquiera Google tiene respuesta a algunas preguntas.

Por eso es tan importante para los docentes ponerse la capa y con sus súper poderes de selección, análisis y sentido crítico escoger los mejores temas, esos que estén acordes con el desarrollo de las competencias necesarias para el ejercicio de la profesión.

Seguro usted como docente, si está leyendo esto se preguntará: Si no puedo enseñarlo todo, ¿qué debo enseñar? Manuel Antonio Unigarro, director de programas de la Universidad Cooperativa de Colombia, tiene una posición interesante al respecto. En su libro un modelo educativo crítico con enfoque de competencias y que podrá encontrar en mi Comparto, explica de qué se trata.

Lo que sí es un hecho, es que es momento de dejar de juzgar o calificar las capacidades con números, ¿a qué me refiero con esto? Al final del día, el alumno que se graduó con un promedio de 3.6, recibirá el mismo diploma que aquel que lo hizo con 4.8 y, para sorpresa de todos, puede que ese que recibió su título con las menores notas, sea el que mejor llegue a desempeñarse en el campo laboral. Son casos de la vida real y no se trata de quién maneje bien o no tan bien los conceptos teóricos, sino quien sepa construir en la práctica con ellos.

Además de imponer métricas que desmotivan a nuestros alumnos y suponen niveles de frustración, y por tanto de deserción altos, deberá encontrar la manera de innovar en el aula para ofrecer a la nueva generación de alumnos las competencias clave para desempeñarse con agilidad en la nueva industria tecnológica. La gamificación se está abriendo campo y ha facilitado esta labor, premiando y manteniendo la motivación en las aulas. (Para leer después: El poder de la gamificación para transformar la Educación Superior).

El aprendizaje a lo largo de la vida es una de las competencias más valiosas, en ese caso. El alumno tendrá la seguridad de que aprendió y aprenderá cosas de usted como docente, pero que no aprendió todo lo que va a necesitar, pues solo son 4 o 5 años de carrera. Para eso, deberá recurrir al mar de información disponible en otros medios y es por esa razón que lo primero que debemos hacer como universidades y mi invitación para los docentes es enseñar a aprender, así estos chicos podrán continuar su proceso de aprendizaje, incluso cuando usted ya no esté.

Es allí en donde herramientas como los MOOC, las plataformas LMS, la educación continuada, entre otros, cobrarán relevancia y le ayudarán a generar valor al promover procesos de aprendizaje continuo y de calidad.

Ahora, regresando al tema de las competencias y el por qué mi intención era abordarlas desde un ángulo diferente, pongo sobre la mesa la siguiente reflexión: aunque debemos pensar en aprendizaje social y lo que el término significa, también tenemos que pensar en un aprendizaje, no sólo desde lo que nosotros extraemos del entorno en el que nos movemos, sino también desde aquello que nosotros como partícipes de ese contexto podemos entregar.

Más que ser un aprendizaje de tipo personal, es un aprendizaje que responda a los retos de las sociedades, de aquellos a quienes sus profesionales van a servir. En ese sentido, los temas son importantes, los contenidos son fundamentales, las disciplinas esenciales y la investigación crucial, pero también lo es la educación que da respuestas a las necesidades del mundo, de la industria, de la sociedad, y eso solo se logra a partir de las competencias.

Tenga en cuenta que al trabajar el enfoque por competencias, no podrá seguir enseñando de la misma manera. La sincronicidad del aprendizaje social bajo los lineamientos del conectivismo, del modelo de curación de conocimiento con sus superhéroes curadores, del apetito insaciable de las nuevas generaciones por información y conocimiento para aprender socialmente, todo esto enmarcado en un contexto soportado por herramientas digitales de colaboración, nos llevan a lo que he denominado la Universidad Social o Socialversity, y es el paso que deberá perseguir.

En la mayoría de universidades aún enseñamos a nuestros alumnos de la manera tradicional, es decir de forma deductiva. Les entregamos las bases teóricas para luego desarrollar la práctica. ¿Y qué hay de malo con eso? Las competencias se fortalecen de manera inductiva, pues es a partir de la reflexión en la práctica que se va construyendo la teoría.

Esta es una manera 100% natural de aprender y que puede introducir a través de metodologías como el aprendizaje colaborativo o el Aprendizaje Basado en Proyectos. Si no está del todo familiarizado con este término, en esta infografía encontrará su definición y seis ventajas concretas de implementarlo.

No es un secreto que venimos de una escuela tradicional, de un modelo educativo unidireccional, en donde los mayores transmitíamos a las generaciones más jóvenes los conocimientos acerca del mundo. Pero, ¿qué creen? Google nos desplazó. Cuando teníamos preguntas como: “¿De dónde salen los bebés? O ¿Cuáles son las fracciones equivalentes?”, nuestros padres se ponían en la penosa y habilidosa situación de explicarnos. Con los jóvenes de hoy sucede todo lo contrario. Gracias a los alcances del Internet, parece que saben de todo un poco, siendo nosotros ahora quienes debemos preguntarles cómo abrir un correo electrónico o descargar música.

Por lo anterior, deben ser los docentes los mejor capacitados, deben ser quienes desarrollen las competencias primero para poder enseñarlas. En la mayoría de casos, no se sienten listos, pero es necesario prepararse, aventurarse. Los estudiantes aprenden de nosotros, todo el tiempo, pero también es momento de que nosotros comencemos a escucharlos y a aprender de ellos. Hacer comunidades de práctica, evaluación por pares, eso sería estupendo para hacer un acompañamiento, retroalimentación y alternativa para ir entrando a esta dinámica.

¡Digamos sí a la innovación! Sabemos que es complejo, a nivel económico, curricular, organizacional… pero no podremos cualificar a nuestros profesionales si como universidades no hacemos más que una transformación de los contenidos, una transformación digital real que sirvan a nuestros alumnos para su desarrollo personal, profesional y social, que sin duda den respuesta a las necesidades del país, de la industria, del mundo 4.0.

En la Universidad Social, todos tenemos la capacidad de ser aprendices, curadores, tutores y expertos. Es decir, todos tenemos la oportunidad de aprender, de curar conocimiento para beneficio de otros, de guiarlos en su proceso de aprendizaje como tutores y de convertirnos, con la práctica, en expertos que pueden evidenciar y demostrar su conocimiento al aplicarlo en diferentes contextos.

Por lo tanto, si la función de la universidad es la docencia, la investigación y la extensión, podemos decir que en la era digital somos más de 7.000 millones de universidades, una oportunidad única para el crecimiento y desarrollo social. Y usted, ¿se atreve a formar parte?

Andrés Núñez

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