Blog Andres Nuñez

Expansión del conocimiento, una mirada al impacto de los MOOC

Nueve años han pasado desde que Stephen Downes y George Siemens, ambos docentes de la Universidad de Manitoba (Canadá), impartieron el curso Connectivism and Connected Knowledge (CCK08), considerado como el inicio de la era de los MOOC, una palabra corta pero a la vez digna de un espacio en el muro de la fama de la industria EdTech.

Pese a que 9 años pueden sonar relativamente cortos, ha sido tiempo suficiente para demostrar transformaciones significativas en el mundo de la formación. El panorama se ha ampliado y los recursos educativos abiertos y en línea se han consolidado como una opción viable para personas sedientas de conocimiento, que tienen acceso a internet y que, en medio de su agitado estilo de vida, tienen la disposición de aprender… Es más, de aprehender.

Estos han llegado como recursos de altísimo valor que han permitido a todas las escalas democratizar, o mejor decir, entregar acceso al conocimiento. Claro, no debemos negar que aún nos enfrentamos a una serie de retos, que no solo están relacionados con el contenido, sino también por los recursos, métodos, modelos y metodologías, pero precisamente está en nuestras manos convertirnos en promotores del cambio, en transformadores, aún más de cara a las necesidades de las generaciones actuales, de la sociedad actual, de la universidad actual.

Desde que las universidades han sido y son, se hacen debates permanentes sobre el cambio en los modelos, metodologías y procesos que permiten mejorar la calidad de la educación, de la docencia. Aunque en ocasiones se logró el objetivo, y es así como llegaron a las aulas el m-learning, el b-learning y la gamificación, entre otros, en otras ocasiones el intento se quedó en eso, regresando a los modelos existentes o incluso creando híbridos que no cumplen con los estándares.

Si hay un asunto en el que siempre hago hincapié en mis blogs, es en que las universidades deben comenzar a replantear sus procesos, no por el mero capricho de ir a la par con la revolución tecnológica, sino porque las nuevas generaciones, así como el mercado laboral, se ven enfrentados a desafíos que las instituciones no están del todo preparadas para solventar.

Estos dos mundos ya no se pueden permitir el lujo de funcionar por separado, deberán comenzar a entenderse y, en ese sentido, la academia deberá adaptar sus metodologías y ofrecer una formación que haga énfasis en las competencias, tanto técnicas como humanas y digitales, y por supuesto formar profesionales en las áreas más demandadas por las compañías, en las profesiones 4.0.

Para mi época universitaria, los arquitectos, matemáticos e incluso los abogados estaban en el top de las profesiones, sin embargo, los tiempos han cambiado y ahora, en su lugar, están punteando las ingenierías y todos aquellos oficios relacionados con el mundo TIC. De haberlo sabido, seguramente muchos de nosotros hubiésemos elegido ese camino. La ventaja de las nuevas generaciones es que, a diferencia nuestra, tienen a su alcance informes, estudios, toneladas de información, que les permite saber con más certeza en qué conviene capacitarse, de cara a la nueva era.

Allí, los contenidos son relevantes, aún más los recursos educativos en línea, que son un excelente primer paso para las universidades que buscan ofrecer a sus comunidades académicas las herramientas indicadas para enfrentarse al panorama actual, de manera competente.

Si realiza una búsqueda en Google con la sigla MOOC, encontrará más de dos billones de entradas entre artículos, blogs, noticias, bases de datos, foros, videos, en fin… una cantidad de datos increíble. Esto, además de evidenciar su impacto, nos invita a reflexionar sobre su alcance. Al final, estará de acuerdo o seguramente no, se llevará algo nuevo o querrá discutir. Mi intención es sembrar la inquietud y demostrarle que estos recursos pueden ser la respuesta a los interrogantes de la educación.

Los MOOC, ¿masificación o limitación del conocimiento?

No es secreto que la ola MOOC ha crecido de manera rápida y se ha convertido en tendencia, especialmente, durante los últimos dos años. Han recibido críticas y comentarios positivos respecto a cómo pueden transformar el panorama educativo, y es que son más que cursos masivos, abiertos y en línea.

La expansión del conocimiento, la accesibilidad al alcance de un clic, el costo y la difusión masiva, son hechos que hacen de los MOOC una herramienta inigualable para la educación, incluso, no solamente en las universidades, sino también en los colegios, las oficinas y por qué no, los hogares.

Esta es la realidad a la que nos enfrentamos, una condicionada y permeada por las nuevas tecnologías que, sin lugar a dudas, hacen cada vez más parte de nuestro día a día. Ya es muy común ver a chicos de 16 o 17 años, como mis sobrinos, tomando cursos cortos sobre Network Marketing, desarrollo sustentable y emprendimiento o, sin ir más lejos, aprendiendo japonés o alemán a través de YouTube.

Más de diez millones de personas, en todo el mundo, han realizado alguno de los cursos online gratuitos que ofrecen las universidades, en distintas plataformas. Entre los alumnos hay estudiantes universitarios, doctores, jubilados, maestros y hasta amas de casa desesperadas.

Esto, a su vez, ha mitigado el monopolio de los títulos universitarios, gracias a que ponen un conocimiento privado al alcance de un público masivo. Si bien, muchas personas creen que proliferar la información afecta su calidad y que es alto el número de estudiantes que abandona un MOOC, lo cierto es que algunos estudios afirman que los estudiantes que aprenden en línea, en promedio, se desempeñan mejor que aquellos que lo hacen de manera tradicional.

Incluso, un estudio realizado por la universidad de Harvard mostró que, aunque la cantidad de alumnos es muy variable, la mayoria de ellos no lo hace por ganar un título, sino por el mero placer de aprender un tema de su interés.

En ese sentido, deberíamos comenzar a ver los MOOC como un complemento, más que un sustituto, de la educación convencional. Así es como las nuevas generaciones podrán dotarse con las competencias y conocimientos específicos para el campo laboral, para contribuir con la innovación y, claro, con el emprendimiento.

Es muy probable que en los próximos tiempos asistamos al desarrollo de modelos híbridos, que prestemos más atención a la interacción didáctica y al apoyo al estudiante, que se promuevan diseños de cursos más personalizados. Dicho en otras palabras, los MOOC pueden tener una transformación radical y terminar siendo algo muy distante a lo que conocemos hoy. Sin embargo, y aunque eso suceda, lo que sí es claro es que como lo dijo Alexandra Maratchi, CEO de Homuork para El País: «puede que los MOOC no sean el futuro pero no se entiende el futuro sin ellos».

Esta afirmación es cierta, pues no cabe concluir que el ciclo de los MOOC se ha agotado, todo lo contrario, para el caso latinoamericano, apenas está comenzando y está de nuestro lado como universidades proponer nuevos lineamientos, con una mirada más crítica, entendiendo los retos que esto implica, al tiempo dejando el temor de que las instituciones o la figura docente van a desaparecer.

Más que una limitación, son una oportunidad para promover el desarrollo social y para lograr el alcance que como promotores de una educación de calidad y equitativa, siempre hemos soñado.

Andrés Núñez

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