Democratización de la educación: un principio que las universidades pueden promover

Si bien la democratización de la educación es una de las metas de los gobiernos e instituciones a nivel mundial, debemos reconocer el rol fundamental que cumplen las universidades como promotoras de este cambio. Su capacidad para incorporar al proceso educativo herramientas que fomentan la inclusión, la calidad y el fortalecimiento de la sociedad, facilitan el cumplimiento de este objetivo.

 

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Sin embargo, existen algunos factores que se convierten en barreras y dificultan este principio. ¿Cuáles son y qué deberían hacer las universidades para entregar educación de calidad, bajo un principio de universalidad? Aquí, algunas propuestas.

 

La masificación de la Educación Superior es uno de los fenómenos sociales más significativos de la segunda mitad del siglo XX. Latinoamérica presenta unas de las cifras más elocuentes al respecto: entre el año 1950 y el 2000, el número de universidades latinoamericanas pasó de menos de 100 a más de 5.000. Así mismo, la cantidad de estudiantes creció de 600.000 a más de 8.000.000 en el mismo periodo y, claro, esta cifra continúa en aumento.

 

Esta transformación, ligada a otra serie de fenómenos de escala mundial, tales como la industrialización del proceso productivo, la globalización de los mercados y el aceleramiento de la urbanización, trajeron nuevos retos para la educación que debían ser rápidamente resueltos, dadas las continuas demandas de tipo social que se suscitaron con el tiempo.

 

Ante esta inminente necesidad, los gobiernos se enfrentaron a la consecución de más plazas y mejor educación, y aunque algunos países de la región fueron capaces de asumir el desafío rápidamente, otros aún continúan en la búsqueda de mecanismos que les permitan cubrir las exigencias educativas de su población en términos de cobertura, cambios en el mercado laboral y exigencias de la nueva sociedad de la información.

 

Acceso y calidad: los promotores de la equidad

De acuerdo con la Unesco, la preocupación por la calidad educativa es completamente pertinente para América Latina y el Caribe, y en ningún caso debe ser vista como un elemento de segundo orden, respecto a los objetivos de aumento de cobertura. Más aún, ambas dimensiones están íntimamente relacionadas.

 

La expansión de la educación preescolar, primaria y secundaria ha permitido el ingreso de alumnos provenientes de sectores con menores recursos económicos, sociales y culturales, para quienes es fundamental un progreso en la calidad de la educación, que considere la equidad de los aprendizajes como un aspecto esencial, a fin de atenuar el efecto de sus desventajas de origen. Una educación de baja calidad perjudica comparativamente más a quienes poseen menos recursos y es, por tanto, un factor principal de la inequidad en educación.

 

Según datos del Banco Mundial, Colombia ha tenido una de las mayores expansiones de América Latina, en cuanto a acceso. A través de la 'revolución educativa', el estado colombiano ha respondido al reto de la masificación. Sin embargo, aún es necesario trabajar en calidad y equidad para minimizar, entre otros, los índices de deserción.

 

De acuerdo con datos entregados por la misma entidad, alrededor del 37% de los estudiantes que comienzan un programa universitario, abandonan el sistema de Educación Superior. Este porcentaje asciende, aproximadamente, al 53% para los estudiantes que comienzan programas de ciclo corto (principalmente educación técnica y tecnológica).

 

Esto deja en evidencia que la Educación Superior se encuentra en una encrucijada, pues mayor cobertura y acceso no significan mayor calidad y equidad. Millones de estudiantes entran a las aulas, pero no todos acceden a opciones que realmente les permitan explotar sus capacidades y desarrollar las habilidades necesarias para sobresalir en el mercado laboral.

 

Frente a esta situación, se hace necesario abrir nuevos campos de análisis en los que se aborden diferentes paradigmas educativos y se innove en puntos decisivos, como en los métodos, las metodologías y modelos, entre otros, conducentes a mejorar la comprensión de los problemas y desafíos educativos.

 

En ese sentido, la tecnología se ha convertido en una herramienta de alto valor para posibilitar la democratización del conocimiento, una facultad que cada vez adquiere mayor relevancia en el mercado laboral actual, dada la necesidad de producir bienes y servicios asentados en el desarrollo de procesos de innovación tecnológica, modernización organizacional y mejoramiento de la calidad, a partir del conocimiento científico.

 

Dentro de las variadas formas y modalidades de educación vigentes, la educación a distancia es la que ofrece mejores condiciones de flexibilidad para hacer reales los procesos de integración sociocultural. Esta manera de enseñar y aprender ha incorporado

progresivamente tecnologías informáticas y comunicacionales, intentando conectar de manera armónica individualidades masivas.

 

La educación siempre se ha debatido entre la innovación y la tradición

En la década del ochenta, cuando en varios países de América Latina comenzó a afianzarse la educación abierta y a distancia, se discutía acerca de la legitimidad de esta práctica, respecto al modelo presencial. Sin embargo, con el paso del tiempo esta modalidad se consolidó como una promotora de la equidad, gracias a:

 

  • Acceso para todos. Mientras que el modelo presencial presenta barreras de tipo económico, socio-cultural, temporal y/o geográfico para algunos estudiantes, el desarrollo de las TIC ha desdibujado los límites, haciendo de la virtualización una opción que flexibiliza los costos, tiempos, acorta distancias y facilita el acceso a distintos recursos que fortalecen la colaboración y el intercambio de conocimiento entre docentes y alumnos.
  • Recursos en línea de calidad. Herramientas digitales como el almacenamiento en la nube, ponen al alcance de alumnos y docentes respositorios de contenidos e información de calidad y adecuada para el proceso de enseñanza-aprendizaje. Esto, además, pone un freno a la mercantilización del conocimiento, típica del modelo tradicional.
  • Preparación equitativa. Aunque la educación presencial ofrece alternativas a los alumnos sobre el ritmo, la metodología y la profundización de los contenidos, la realidad es que los docentes están condicionados por las variables de tiempo y espacio, lo cual no les permite ampliar su campo de acción todo lo deseable. Sin embargo, las tecnologías posibilitan, además de acceso, una distribución igualitaria de la información, así como variedad en las opciones de trabajo que favorece procesos particulares.

 

Este escenario supone una aparición de nuevas prioridades para las universidades que, seguramente, determinarán sus estrategias a futuro. Lo que sí es un hecho es que las instituciones tendrán que evolucionar a la par con la sociedad y la industria, para ofrecer las respuestas adecuadas, en un contexto en donde los estudiantes requieren otro tipo de perfiles y la tecnología es protagonista.

 

A modo de conclusión

Durante las últimas dos décadas, el debate sobre la calidad ha transitado desde un enfoque centrado en los insumos necesarios para proveer educación (infraestructura, materiales educativos, etc.), hacia la pregunta por el aprovechamiento escolar y los resultados académicos de los estudiantes. Todos estos elementos son fundamentales y cualquier universidad debe estar en la capacidad de responder a cada uno de ellos.

 

No obstante, el mejoramiento de la calidad a través de los aportes que hacen las nuevas tecnologías puede ser un catalizador del cambio social, que apunte a superar la pobreza, mejorar la desigualdad en la distribución de ingresos y aumentar la productividad y el desarrollo de la sociedad.

 

Como otras instituciones, la suya puede ser promotora de la transformación y contribuir, a través de la universidad digital, con la democratización de la Educación Superior. Para ello deberá optimizar, replantear e implementar algunos procesos y herramientas que le comparto en el siguiente documento. Créame, son muchos los beneficios que las TIC aportan a las instituciones, el principal, entregarle la posibilidad de reducir las brechas y convertirse en una universidad universal y social.

 

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