Blog Andres Nuñez

Aprendizaje 2.0 y recursos abiertos, la revolución de los contenidos

Siempre me he considerado un lector bastante curioso. Me gusta estar al tanto de las nuevas herramientas, encontrar soluciones a problemas cotidianos a través de la tecnología y, por qué no, saber de todo un poco. En este camino, en el que he venido forjando mi experiencia en el sector educativo, me he encontrado con una cantidad de información sorprendente, que gracias a la revolución de las TIC está al alcance de un clic.

Mi primer contacto con los Recursos Educativos Abiertos se dio mientras desarrollaba un proyecto para una universidad. Queríamos llevarla hacia la transformación digital y para ello debíamos consolidar un proceso virtual, en el cual los contenidos cumplían un rol fundamental. Al ser testigo de los resultados, comprendí el alcance e impacto de poner el conocimiento a disposición de cualquier persona que estuviese frente a una pantalla.

Entonces continué investigando y ahondando, encontré que las contraseñas ya no eran una limitante para acceder a la información y pasé largas horas buscando, comparando y consolidando mi percepción sobre los modelos de enseñanza y aprendizaje, de la mano de autores de talla mundial.

Pero ahí no terminaba esta nueva ventana que había abierto: descubrí otra de las grandes ventajas de los REA, que se deriva de sus licencias libres que conceden derechos al usuario para modificar el contenido, combinarlo con otros y crear algo totalmente nuevo. El alcance es increíble y, como a mí, le ha entregado la oportunidad a millones… no, realmente son billones de personas, de convertirse en creadores y co-creadores de conocimiento.

Antes de continuar con mi experiencia y las oportunidades de este tipo de recursos para las universidades y, en general, para la educación superior, me parece importante contextualizar su definición, origen y poder transformador.

Ampliando la participación a través de los REA

Los Recursos Educativos Abiertos, también conocidos como Open Educational Resources (OER), son materiales de apoyo educativo que se encuentran en el dominio público o que han sido publicados con una licencia de propiedad intelectual.

El término fue acuñado hace diez años, durante el Foro Mundial de la Unesco, en el cual se trató la importancia de los cursos abiertos para la educación superior.  Fue tal su impacto que, en 2001, el Massachusetts Institute of Technology (MIT) anunció la publicación de casi todos sus cursos en Internet, accesibles a todo el público, marcando así la pauta para que otras instituciones, e incluso entidades como la Unesco, dieran el paso hacia un conocimiento democratizado y globalizado.

Los recursos educativos de libre acceso proporcionan una oportunidad estratégica única para mejorar la calidad de la educación y, al tiempo, facilitar el intercambio de conocimientos y el aumento de las capacidades.

Y digo esto porque si bien las instituciones están incorporando las TIC en sus programas de gestión, administración y educación, de forma progresiva, en muchos países en vía de desarrollo el acceso a los recursos técnicos y tecnológicos aún supone un desafío. Por eso es fundamental que las instituciones y, aún más, los docentes como figuras promotoras del cambio, adapten los enfoques pedagógicos y el material didáctico para aprovechar estas oportunidades y garantizar la calidad.

Es un hecho que las TIC están aumentando la transferencia de información, especialmente gracias a la aparición en escena de millennials y centennials que se valen de la tecnología como recurso educativo. Mientras usted lee este artículo, se escribieron alrededor de 7.000 tweets, se subieron entre 700 y 800 fotos a Instagram, se hicieron más de 2.000 llamadas vía Skype y se googlearon unas 60.000 preguntas, ¿increíble, no?

Además, no sólo hablamos de jóvenes. La participación de especialistas y de quienes no lo son tanto, está ampliando las fronteras del ámbito académico, dejando sobre la mesa múltiples oportunidades para crear y compartir una gama amplia de recursos que cumplen con las expectativas y necesidades de la nueva generación de estudiantes.

La digitalización de la información, combinada con su difusión cada vez más generalizada, plantea importantes desafíos a las universidades. ¿Cuándo íbamos a imaginar que los libros saltarían de las bibliotecas y viajarían hasta una pantalla, o que podríamos consultar a autores, alrededor del globo, sin tener que esperar meses por un ansiado ejemplar?

Tenemos que ajustar nuestras percepciones al contexto real, al ahora, a la revolución 4.0 en todo el sentido de la palabra. El aumento del acceso a REA ha promovido los modelos de estudio personalizado, lo cual, junto con herramientas 2.0 como las redes sociales, ha creado la oportunidad para innovar a nivel pedagógico e incorporar metodologías como el aprendizaje colaborativo.

Para aprovecharlos, las instituciones deberán invertir en el diseño de programas o cursos y, claro, en el desarrollo de los materiales. Es un trabajo que toma tiempo, pero, si logra encontrarse una red aliada, se tendrá a disposición un repositorio de calidad, ahorrando la tarea de seleccionar y adaptar.

Aquí me gustaría mencionar el impacto de soluciones como Ilumno, que con su misión de transformar universidades a través de tecnología e innovación, ha creado una red de alto impacto, con un repositorio de contenidos que supera los 60 mil, permitiendo a las comunidades académicas pertenecientes compartir sus materiales y enriquecer los planes de estudio, así como la experiencia de sus estudiantes.

Ahora, todo este despliegue ha creado desafíos únicos para las universidades, especialmente para aquellas con recursos escasos. Según la Unesco, y comparto esta opinión, se ha vuelto cada vez más importante que las instituciones educativas apoyen, de forma planificada, el desarrollo y mejora de los planes de estudio, el diseño de programas y cursos alineados con las necesidades del mercado laboral del futuro, y el desarrollo de materiales de enseñanza y aprendizaje de calidad que, sin lugar a dudas, potencien competencias clave para los jóvenes de hoy.

Los recursos abiertos pueden contribuir con todo este proceso, aunque no pueden transformar la calidad y eficiencia de las instituciones. Eso depende más de los procesos y metodologías internas que se establezcan para su aprovechamiento.

En este sentido, ya son varias las instituciones líderes a nivel mundial que han fomentado el movimiento REA, con la intención de promover la igualdad. Adicionalmente, estas instituciones incrementan su reputación académica, atraen estudiantes y personal con talento, mejoran los materiales de aprendizaje y los resultados de la investigación, gracias al intercambio abierto.

Entonces, ¿por qué le conviene a las instituciones adoptar este tipo de herramientas? Este es el potencial transformador de los REA:

  1. Representan una solución eficiente y sostenible, a largo plazo, para disminuir los costos provenientes de materiales de estudio. Un objetivo claro de los REA es proporcionar a las comunidades académicas una alternativa al valor de los libros de texto.
  2. Multiplican las oportunidades de innovar en el proceso de enseñanza – aprendizaje y habilitan una mejor adaptación y contextualización del material proporcionado a los estudiantes. Además, permiten atender las necesidades de poblaciones estudiantiles particulares.
  3. Aumentan la presencia y visibilidad de las instituciones ya que las licencias obligan a que, cada vez que estos recursos sean utilizados en otros contextos, los responsables citen y redireccionen al repositorio original.
  4. Involucran a las comunidades académicas en el proceso, de manera directa y activa. De esta manera, se podrán evaluar y entregar contenidos de calidad.

Estoy seguro de que para cada caso particular existen otra serie de beneficios, pero esta es más una invitación a crear una red, un tejido social a través del entorno digital, facilitador de intercambio y ampliador de conocimiento, que nos permita como universidades explotar el potencial real de toda la información existente, no solo en la red, sino en las bibliotecas y en las mentes de grandes pensadores y transformadores.

La revolución de los contenidos digitales no termina con los recursos abiertos. De hecho, este es apenas el inicio, pues ahora se profundiza y transforma gracias al proceso de curación de contenidos que, a su vez, ofrece un sinfín de posibilidades para las universidades, gracias a la inteligencia artificial, aunque ese será tema de discusión para un próximo blog. Y usted, ¿utiliza o utilizaría este tipo de recursos?

Andrés Núñez

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